LAS GRANJAS

ANIMALES DE ABASTO: HOLOCAUSTO ANIMAL

animalesdeabastoLos animales no son vegetales ni cosas. Los animales sienten, sufren y disfrutan como nosotros, y si se les obliga a una forma de vivir contraria a su  naturaleza se les inflige cruel martirio físico y psíquico. Y esto es lo que ocurre en las granjas intensivas, los más infernales campos de concentración que podamos imaginar donde los animales son meros trozos de carne a quienes se niega las más elementales actividades propias a su naturaleza: no pueden andar, correr, revolcarse,…  desgraciadísimos seres condenados a engordar rápido y barato y a parir el mayor número de crías ocupando el mínimo  espacio.

HORROR COTIDIANO

Toda aberración tiene cabida en las explotaciones industriales: para obtener carne de ternera se aparta al recién nacido de su madre –con desgarradora pena de la vaca y el becerrillo– y éste es encadenado inmóvil en un cubículo de retención, sin permitirle tumbarse, y allí se le abandona a la soledad, sin ver la luz, engordado con hormonas y una dieta totalmente deficitaria en hierro y así la enfermiza carne sea más blanca, con lo que la pobre criatura, desesperada y anémica, bebe su propia orina y pasa los días y las noches lamiendo las rejas que la aprisionan en un intento de obtener hierro.

horrorcotidianoLas gallinas, apretujadas en jaulas con piso de  alambre, jamás podrán estirar las alas ni tocar el suelo, su sensitivo pico cortado con un cuchillo al rojo vivo. Privadas de espacio y de tierra donde escarbar, las gallinas padecen tremendo estrés y mortalidad, pues en la misma nave, cerrada y sin ventanas, malviven a base de fármacos miles de aves semiciegas y ulceradas por el ardiente amoniaco de sus excrementos.
Los cerdos, a pesar de que son criaturas muy sociables, limpias, sensibles al bienestar,  e inteligentes como el perro, son encerrados de por vida en fríos cubiles de cemento, sin paja, luz ni ventilación, luego de amputarles rabo, dientes y testículos sin anestesia. Las madres, obligadas a criar hasta la completa extenuación, son fijadas al suelo entre barrotes para que no puedan moverse ni cambiar de postura, en forma de inmóvil biberón de su camada, y, así, preñez tras preñez.


Las vacas son inmovilizadas y explotadas al límite de sus fuerzas para poder exprimirles toda la leche posible. Las vacas son violadas repetidas veces, para que egendren un ternero y de ésta manera produzcan leche. El ternero se le secuestra, y tras varios días de alimentación deficiente para que su carne esté blanca (anémica) se le asesina. A la vaca se la obliga a producir leche por encima de sus posibilidades fisiológicas mediante hormonas y demás químicos. Además, como las condiciones de hacinamiento inmovilidad e higiene en las que se las mantiene son deplorables, se les administran antibióticos de forma masiva. Todos éstos químicos pasan a la leche, mas el pus y secrecciones de las ubres enfermas de las vacas. El cotidiano ordeno masivo con máquinas provoca en las ubres de las vacas úlceras terribles y monstruosas inflamaciones que hacen de la vida de la vaca un infierno.

ubresCuando la producción de leche termina, se vuelve a violar a la vaca y el ciclo vuelve a empezar. Una vaca en esas condiciones no dura mas de 5 años (en libertad viviría 30 años) ya que el agotamiento hace que cada vez produzca menos leche. Cuando produce poca según los stándares de la industria lechera, se la lleva al matadero a ser “recompensada” por los largos años de sufrimiento produciendo leche.

El transporte de los animales al matadero y el modo en que agonizan, algunos  desollados y despiezados estando aún vivos, son los postreros momentos de pesadilla de millones de vidas inocentes que acaban en las bandejas de los supermercados envueltas en celofán.

CAMPOS DE TORTURA

camposdetortura3Y tal holocausto diario de criaturas sigue anegando el planeta en un océano de dolor, sin que reflexionemos sobre cómo ha llegado ese trozo de carne a nuestra mesa, pues de saberlo, aquello que agradó al paladar repugnaría a la conciencia; una conciencia que nos dice que, ante tanto sufrimiento evitable, no podemos mirar hacia otro lado, y como ciudadanos, y desde el terreno moral, hemos de exigir la prohibición legal de estos campos de tortura que son las explotaciones intensivas de animales de abasto, y demandar que en el etiquetado de carnes, huevos, leche… se informe rigurosamente sobre las condiciones de vida de los animales productores, para que el consumidor pueda evitar la complicidad con la tortura.

Porque, ¿acaso las gallinas, los cerdos y las vacas no merecen respeto y consideración igual que un oso panda? ¿No estaríamos dispuestos a pagar unos céntimos más para cambiar los aberrantes sistemas de la ganadería actual y obtener dichos alimentos sin causar tan horrendos suplicios a  seres que sienten el dolor como nosotros? ¿No deberíamos reducir el consumo de productos animales –a todas luces exagerado e insano – y así disminuir el número de víctimas al tiempo que mejoraríamos nuestra salud y la del planeta?

DIETA VEGETARIANA

desangrandosePor otro lado, una dieta vegetariana bien equilibrada aporta todos los nutrientes que se pueden obtener de una dieta omnívora, pero evitando un tormento a todas luces atroz, inhumano e innecesario.

El animal humano maltrata a sus hermanos menores hasta extremos impensables de crueldad, crueldad que se vuelve contra nosotros mismos, según ya observó cinco siglos antes de que naciera Cristo, el mayor filósofo de la antigüedad: “Mientras los hombres sigan matando animales, se matarán unos a otros, pues aquellos que siembran el crimen y el sufrimiento no podrán cosechar la alegría y el amor.”

“Los animales existen en el mundo por sus propias razones. No fueron hechos para el ser humano, del mismo modo que los negros no fueron hechos para los blancos, ni la mujer para el hombre.” Alice Walker.

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